La última y nos fuimos... Y salimos de la Plaza con naciente sentimiento de nostalgia y algo de frustración. Se escuchaba la música del organillero. Volaban los gritos de los vendedores de tacos. Olía a carne asada.
Concluyó la Temporada Grande. Alguien en los tendidos repitió el rumor: podría haber un festejo extra, regresaría el fenómeno del rejoneo, el español Pablo Hermoso de Mendoza y se despediría Mariano Ramos.
Quién lo sabe. Bueno, sólo la empresa. Y la misma ya había dicho que la décimo novena corrida, la de este domingo, era la final.
Salimos de la Plaza México y nos acompañaron los ecos de los "¡Oles!"... Pero de otras tardes. Y las imágenes de los triunfos de Arturo Macías, sin duda, la nueva figura del toreo en México, quien ya está listo para iniciar campaña en tierras ibéricas.
Una temporada en la que estuvieron José Tomás y Enrique Ponce. Ninguno de los dos tuvo una actuación apoteósica, pero algo mostraron de su clase, del arte y la personalidad que tienen. Se suponía que ambos retornarían para una segunda corrida, no lo hicieron. Y quedan también para el recuerdo las espléndidas faenas del francés Sebastián Castella, el que ya es un as, pero no de espadas. Perdió orejas y
rabos por el estoque.
Una temporada que estará en la historia, porque en ella, hace una semana tomó la alternativa la joven michoacana Hilda Tenorio, y lo hizo en plan grande,
con un triunfo.
Un final; sin embargo, en el que nos quedamos con los pañuelos en los bolsillos y los gritos de entrega a los toreros en el pecho. El ganado de Barralva, de sangre pura española fue difícil, de embestidas descompuestas, algunos se quedaron parados, uno de ellos se echó en la arena.
Confirmó alternativa Luis Bolívar, nació en Panamá, creció en Colombia, se hizo torero en España. Es evidente la alegría que le invade cuando está en el ruedo. Tiene escuela y hambre de triunfo.
Con el primero de la tarde tuvo buenos detalles, tanto con el capote como con la muleta. Pinchó pero ganó los aplausos, salió al tercio para agradecerlos. Con el segundo de su lote, Farolero, inició la faena de muleta con excelentes doblones. Supo meter al toro y le dio varios derechazos largos, sentidos, pero también
algunos algo rápidos, sin templar. Entró a matar y tanto el público como él pensaron que ya había ganado la oreja. Pero la estocada fue defectuosa, tendida, calando al animal. Otra vez palmas y salida al tercio.
Humberto Flores es bien querido por la afición de la México. Desde que salió a la puerta de cuadrillas le aplaudieron, nuevamente antes de que apareciera el primer toro. Sin embargo, la de este domingo no fue su tarde. Malos sus dos toros. Embestían a medias, se frenaban, levantaban la cabeza. Con el segundo, Humberto, torero de coraje, se esforzó, pudo instrumentar riñonudos muletazos. Una parte del público le molestaba, se metía con él. Decidió abreviar. Víctor Mora tampoco tuvo suerte. La última y nos fuimos. Los siguientes domingos, unos 15, no serán iguales. Ni modo.